Actualmente vivimos bajo un régimen monetario de tipo fiduciario. Desde 1971, cuando el entonces presidente de EEUU (Richard Nixon) declara la salida del patrón oro-dólar, el sistema monetario, financiero y real se ha visto inmerso en un escenario complejo e impredecible debido a la eliminación de la posibilidad de canjear las monedas nacionales por reservas en oro. Es por ello que debemos de analizar y entender como se determina principalmente el valor de una divisa, y el impacto que tiene la insolvencia estatal en dicho valor.
Para empezar, formularemos una breve teoría sobre el valor del dinero partiendo del teorema regresivo de Mises. En su libro “Teoría del dinero y del crédito” explica cómo el valor de un bien utilizado como medio de intercambio indirecto depende, en última instancia, de su valor objetivo previo a ser utilizado como medio de intercambio, debido a que el valor del dinero actualmente está determinado por su valor anterior, así sucesivamente hasta que se llega al punto en el que dicho bien utilizado como dinero encuentra su valor previo a ser utilizado como medio de intercambio.
Como nos podemos dar cuenta, el pilar fundamental del teorema regresivo de Mises se basa en buscar el valor del dinero en el pasado, hasta llegar al uso anterior que se le daba a la mercancía que actualmente funciona como dinero. Para formular nuestro análisis vamos a cambiar ese eje principal por las expectativas a futuro sobre la estabilidad del valor de la moneda. Si una divisa tiene una fuerte expectativa por parte de los agentes económicos de que conservará su valor Inter temporal y, por lo tanto, será un buen activo para atesorar riqueza, entonces se generará una demanda sólida por dicha divisa lo que contribuirá a reforzar la propia expectativa en el largo plazo. También, al contrario, si una divisa genera una amplia expectativa a los agentes económicos de que no va a conservar su valor en el mediano/largo plazo, se generará una huida de ese activo hacia otros activos de reserva y, por consiguiente, la moneda se depreciará más rápidamente.
Podemos establecer como un pilar fundamental de la demanda de una moneda la expectativa que genere sobre la estabilidad inter temporal de su valor. Pero, ¿Qué papel juega la gestión del Estado en la generación de dichas expectativas?
Básicamente el Estado puede generar amplias expectativas sobre su divisa mediante su situación fiscal. Los emisores de las monedas fiduciarias son los Estados. Por otro lado, el Banco Central puede intervenir en el mercado cambiario para estabilizar el valor de dicha moneda, comprando su moneda con otros activos de reserva para apreciar su valor en caso de ataques especulativos. Es por ello que podemos clasificar a las monedas fiduciarias como “deudas del estado” o “pasivos del estado” y, como todo pasivo financiero, la insolvencia de su emisor puede afectar gravemente a su valor. Pongamos un ejemplo:
Si consideramos un gobierno que persistentemente acumula déficits fiscales (gasta mas de lo que ingresa) y eleva su ratio deuda pública-PIB a niveles insostenibles, puede verse tentado a monetizar sus déficits fiscales (emitir nueva moneda para financiar los excesos de gasto). Como cualquier bien económico, si la oferta de dinero se incrementa muy por encima de su demanda, se depreciará su valor y se empezará a generar expectativas negativas sobre la sostenibilidad del precio de la moneda en el largo plazo, lo cual provocará huidas de ahorristas en moneda nacional buscando un activo que les proporcione estabilidad a su riqueza.
Por el contrario, si consideramos a un Estado con las cuentas saneadas (sin déficit público), con un porcentaje de deuda pública-PIB prudente y, por consiguiente, con un Banco Central que no tiene la necesidad de financiar al fisco, su divisa nacional no tiene por que forjar una expectativa negativa sobre la sostenibilidad de su valor, dado que los inversores pueden tener la seguridad de que el Estado no tiene la necesidad de monetizar déficits o utilizar la emisión monetaria para financiarse, alterando la oferta de dinero por encima de la demanda real y, de esta forma, depreciando el valor de la moneda.
Podemos concluir que el buen manejo de las cuentas del Estado es fundamental para la estructura monetaria y real, ya que depreciaciones muy fuertes de la moneda provoca grandes subidas de precios a todos los bienes determinados en dicha moneda, lo cual reduce los salarios reales y causa un empobrecimiento relativo generalizado.
Es igual de importante dotar de un marco normativo independiente al ente encargado de la gestión de la moneda, el Banco Central. Con esta medida se busca separar la administración del sistema monetario del poder Ejecutivo, y reemplazarlo por una junta técnica con el principal objetivo de velar por el valor intra e inter temporal de la divisa. Las fuertes depreciaciones generan descoordinaciones muy graves en la economía, ya que provoca un alza indiscriminada en los precios de los bienes y servicios nacionales y un importante golpe en el tipo de cambio con otras monedas, lo que dificulta la importación de mercancías importantes para el correcto desarrollo de la industria nacional.
Cuidar el valor del dinero es condición necesaria para el impulso del ahorro, la inversión, la producción y el empleo en los países.

Comentarios
Publicar un comentario